Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren[Joaquín Sabina]
Era más de media noche y fui ahí que me di cuenta de mi cartera… ¿dónde estaba?, traté de caminar como si nada pasará hasta el baño pero me fue imposible, los tantos tragos a lo que había apostado me ganaron y fue así que perdí la conciencia en gran parte de mi estadía en el bar.
Solía ir a ese bar con algunos amigos, pero hoy fue un poco diferente, llame a Vanesa con la esperanza de que aceptará ir conmigo pero lo único que me respondió eran esos tontos mensaje de [deje su mensaje en la casilla de voz], imposible ella era la única quien podía aguantar y a soportar este tipo de actividades pero sin ella…
Opte por ir sola, me transforme en una mujer toda terreno, metí lo necesario en esa cartera que tanto me incomodaría y fue así que dije "adiós casa". Mi estadía en el bar fue tranquilo, al principio, unos cuantos tragos como un pisco sour, un daiquiri, mientras hacia la lista de pedidos a Sofía la del bar, iba perdiendo la cuenta de la cantidad de alcohol que estaba tomando.
Sentada, frente a la barra sintiendo como si mis movimientos fueran en cámara lenta, fue que te vi, estabas sentado al otro lado, justo donde Sofía estaba limpiando y no sé si era de ebria pero alucine que me sonreías, la verdad es que mire hacia los costados pensando en que estabas mirando a otra persona pero me tope que estaba alrededor de dos tipos es decir me estabas mirando, lo único que atiné fue sonreír tímidamente, y tomarme las cosas con calma, CALMA, eso necesitaba, pedí un vaso de cuba libre como para matar todos los tragos que ya había tomado y fue ahí que me detuve, empecé a recordar sus manos, su cara, sus ojos color luna ofuscada, sus guiñadas, su sonrisa, su aliento…y empezó a marearme tanto recuerdo que opté por ir al baño.
En el transcurso al baño me di cuenta de mi estado, mal, tenía que ir apoyándome pero claro según yo estaba perfecta, ja…llegar al baño fue el reto de la noche y casi lo conseguí sino hubiera sido por unas manos que jalaron de mi cintura hacia otro lado que no reconocía como parte del bar.
Las luces apagadas no me permitieron divisar quien era el don Juan de manos dóciles y sin rostro que me arrastraron a ese torbellino de sensaciones donde sentí que mi yo se caía de a pocos hasta el último suspiro, intente ser consciente de lo que pasaba. Estaba agarrando a un tipo que no tenía la menor idea de quién era, sin embargo grata o ingrata fue la sorpresa cuando lo vi.
Y fue que recordé los tantos años que según yo me castigué tratando de dejarlo atrás, para no recordarlo más, en ese momento escuche la canción de Los Rodríguez… "Sin Documentos" y recordé la primera vez que lo vi. Estaba en el aeropuerto junto con otros amigos esperando que sean las 4 de la tarde, hora exacta donde un tipo nos iba a recoger para llevarnos al lugar de donde años más tarde recuerdo no tan mal.
Entre la impaciencia de qué carajo estábamos esperando, lo vi, iba con una maleta con ruedas y una mochilera, al principio la verdad no me llamo la atención, fue como alguien más a quien saludaba sin darme cuenta del gran cambio que él iba a ser algún día. La hora pactada estaba más cerca de lo que imaginábamos y fue ahí que decidimos llevar las maletas y colocarlo en la van, que sería nuestra acogedora movilidad alrededor de cuatro horas, cuatro horas que no imagine compartirlo con ese tipo, huraño al que yo señalaba.
Las horas pasaban a paso de tortuga, aún no estaba acostumbrada al lugar, oscurecía más rápido que en mi país, bah, hubo un determinado momento donde escuche la conversación entre Daniela y Laura hablaban cosas vanas pero en cierto momento metieron terror al asunto al señalar lo oscuro que estaba, me asusto, los lugares por los que pasábamos no se vía completamente nada. Sentí una punzada, mis nervios se dispararon y una ligera sensación de miedo sentí. Me asusto pensar las cosas, animales, personas o extraños que podían habitar en esos bosques donde la escasa iluminación hacia aumentar más mis temores. Fue ahí que vi esos ojos, y me sentí tranquila, mirarte fue escuchar un "todo va estar bien", así fue hasta que llegamos a nuestro destino.
Los primeros días eran los más tranquilos te veía casi seguido, por las mañanas a eso de las 6 cuando todos dormían, solía escuchar tu voz y la de Laura, sabía que era hora levantarse y verte, se me fue haciendo costumbre, Laura tan escandalosa ella nunca hablaba suave, siempre lo hacía como si hubiera parlantes en los extremos de la casa, en esa situación al ver que yo descansaba para no molestar cerrabas mi puerta, pero yo viva, ya estaba levantada, así que iba directo al baño a lavarme la cara y una vez, libre de lagañas te saludaba con un "buenos días" y tomábamos el desayuno juntos, como amigos que éramos.
Y las cosas se dieron lentamente, descubrí cosas que me hacían pensar en que no debería seguir, pero como para variar paso por alto lo prohibido, lo hice contigo. Empecé a jugar mal mi partida desde el principio y tú me dabas cuerda como si todo estuviera OK. No podía ser, caí más de mil veces contigo pese a los tantos peros que hacía cuando pensaba en que todo estaba mal.
Así paso cuanto tiempo que olvide lo prohibido que eras y seguí las cosas con total normalidad, hasta el día en que tuve que decirte "adiós”. Era un martes, no cualquiera, porque era el último día que pasaría contigo, pensé que iba ser trágico sin embargo trate de pasar lo mejor posible pero eso no me quitaba la etiqueta en la frente de que sería el ultimo martes que te vería.
La pasamos yendo de un lugar a otro, entre lugares agradables, entre risas, agarradas de mano, besos y un adiós que se aproximaba rápidamente. Ese día dormí tres horas de los cuales quería que sea lo más largo de mi existencia, más no fue así la llamada, y las tantas alarmas que sonaron, nos señalaron que era la hora. Me cambie vagamente, nerviosa y sin ganas, agarre mis pesadas maletas y baje en el ascensor pensando en que no lo iba a olvidar. Subimos al bus que nos llevaría al aeropuerto y fue ahí que nos dimos cuenta que la despedida sería en el mismo bus, y sin ganas de mirarte con tu mano entre la mía, me mordía los labios para no llorar y traba de estar bien, como si todo estuviera bajo control sin percance alguno. El bus paró y solo te miré y sonreí, mientras decías no llores ya hablaremos por msn o face, decías tantas cosas y yo solo atinaba a decir "no estoy llorando", me despedí con un beso simple sintiendo esas ganas de que el tiempo parará, pero no fue así.
Baje del bus sola, recogí mis maletas y fue ahí que mi cara decayó completamente, lloré como si sintiera que todo estaba mal, no pude controlarme, mientras hacia el check in, lloraba por verte, jale mi cartera y me fui a esperar el vuelo, mientras tanto veía a través de la ventana si en el otro lado del aeropuerto tú estabas, si estabas pasando lo mismo [aunque lo dudaba], lloré y trate de apaciguarme, una vez en "paz", aborde el avión y bueno lo que viene es historia de otro cuento.
Estuve mal quizás por minutos, horas, días, semanas añorándote, paso el tiempo nuestras conversaciones se volvieron monótonas y mientras tanto lo prohibido que alguna vez fuiste tuve más sentido aún. Tú ya estabas donde debías estar y eso implicaba a las personas que estaban alrededor tuyo.
Las ganas de verte, de tenerte cerca duraron por mucho tiempo, hasta ese día en el bar en que volviste aparecer, al verlo fue tenerte ahí, me deje llevar, pero abrí los ojos y no era el recuerdo, mientras él me sonreía, a diestra y siniestra mi corazón se rompía a pedazos, es acaso tan fácil alucinarte, me quede impregnada e esas ganas de saber de ti, de tú existencia y de tantas cosas más, pero la verdad ya no valía la pena, me despedí de aquel ingrato que me hizo alucinar de la manera menos pensada.
Caminé deprisa a lo largo de esos caminos enmarañados, que tantas veces había pasado…llorando pero jurando que sería la última vez, llegue a casa y con cierta dificultad abrí la puerta, tire todo lo que tenía puesto, empezando por los zapatos, la casaca, etc. etc... Recordando lo que había sido en el bar, intente ir al baño me quite el maquillaje y al rato me eche a la cama con todo y ropa sin ganas de saber del mundo por primera vez.
Abrí los ojos, pero aún seguía acostada sin ganas de moverme, hasta que recordé lo que había pasado ayer, me levante de tiro y me pareció raro no tenía el vestido puesto, tenía mi pijama de siempre, encontré mi casa en total normalidad y fue ahí que recordé la bendita cartera, la busque sin parar y no lo encontraba hasta que se me ocurrió buscarlo en el armario. Eureka, ahí estaba busque mi celular y me topé con más de una sorpresa, papeles, puros papeles en blanco. Saque el celular y llamé a Vanesa con esperanza de hallarla, para mi buena suerte respondió y le pregunte qué había pasado ayer, porque estaba su celular apagado y lo único que me dijo fue "ayer estuve con Daniel y no he recibido llamada alguna, por". Lo único que atiné a decir fue que creía que estaba equivocada, colgué.
Y me senté por un largo rato, pensando en la noche anterior, mi ropa con la que supuestamente había salido estaba aún envuelta en la bolsa de la lavandería. Es decir nunca salí o simplemente estoy loca…entonces solo fue un sueño, alucinación o delirio, a estas alturas la verdad no sería novedad que sea alguna de esas alternativas.
SEMI-FIN






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